Andrea Carballo reflexiona sobre la construcción de personajes y la incomodidad en ‘La mujer del río’

La actriz analiza su trabajo en la nueva película de Néstor Mazzini, donde la violencia se construye desde la acumulación de gestos y silencios, y destaca el valor de narrativas que generan reflexión sin ofrecer respuestas fáciles.

Andrea Carballo, protagonista de ‘La mujer del río’ de Néstor Mazzini, aborda en una entrevista el proceso de construcción de su personaje, Érica, y el registro narrativo de la película, que prioriza la tensión acumulativa por sobre el estallido explícito.

La cinta forma parte de la trilogía ‘Autoengaño’ del director, lo que permitió a la actriz desarrollar una memoria y una organicidad en el personaje a lo largo del tiempo. «Esos silencios no son silencios ‘vacíos’: vienen con historia, con algo que se viene acumulando», explicó Carballo, destacando también la complicidad actoral con César Troncoso, con quien comparte escena por tercera vez.

La actriz detalló su enfoque para dar vida a Érica, un personaje que navega entre la resistencia, el cuidado y la negociación constante dentro de un contexto limitado. «Tratando de no simplificarla, sobre todo. A mí me interesaba que pudiera ser contradictoria», afirmó, subrayando que la complejidad del rol se benefició de haber sido construido a lo largo de varias películas.

Respecto al enfoque de la trilogía, que se centra en el «después» de eventos traumáticos, Carballo señaló: «La película se mete en ese lugar más difícil, que es todo lo que queda después de algo que marca un vínculo». Para ella, este espacio «incómodo» y carente de resoluciones claras es también un lugar «muy verdadero».

La película, según la actriz, evita el melodrama y apuesta por una incomodidad más seca, lo que impacta directamente en las decisiones interpretativas. «Te obliga a correrte de recursos más obvios. No podés explicar todo ni subrayar. Tenés que confiar en lo mínimo», reflexionó.

Carballo, cuya carrera se ha desarrollado entre Argentina y España, destacó la capacidad del film para dialogar con el espectador de forma directa, sin volverse discursivo. «La película no le dice al espectador qué tiene que pensar, pero sí lo pone frente a situaciones muy reconocibles, muy actuales», concluyó, valorando la potencia de una narrativa que, como una piedra en el zapato, no ordena ni tranquiliza, sino que invita a la reflexión.